ÉXODO URBANO, UNA REALIDAD POST-PANDÉMICA

Desde marzo de 2020 han incrementado un 46% las búsquedas de fincas rústicas en España, parece que inevitablemente el éxodo urbano ya es una realidad: las personas se mudan de la ciudad al campo. Y se trata de un dato sorprendente porque la tendencia demográfica nos tenía acostumbrados a un comportamiento radicalmente inverso hasta la llegada del Covid-19.

Lo que se observó durante la segunda mitad del siglo XX fue un éxodo rural en masa provocado por la industrialización en España; millones de jóvenes mudándose de las zonas rurales a la ciudad para conseguir el trabajo que ofrecía la industria. La entrada del siglo XXI, sin embargo, trajo consigo un fenómeno nuevo, “la metropolización”. Durante las primeras dos décadas del 2000 la población se mueve a las capitales porque ya no interesa el “trabajo” de la ciudad, sino los puestos de alta cualificación que ofrecen las grandes metrópolis, en el caso de España: Barcelona o Madrid. Pero la llegada del virus ha traído un escenario sorprendente: la gente se marcha de la ciudad, el éxodo urbano es una realidad post-pandémica.

CAUSAS Y MOTIVOS

Y, ¿Cuál ha sido el detonante? Bien, los factores que favorecen que los jóvenes decidan mudarse de nuevo a las zonas rurales son el miedo al virus, el precio desorbitado de los alquileres en las grandes ciudades y la llegada del teletrabajo como alternativa al empleo de oficina. Quizás esta última sea una de las razones que más peso ha tenido en la toma de decisión de gran parte del colectivo que baraja este cambio de vida. Muchos de ellos aseguran que vivían en la ciudad a causa de su trabajo, pero que a poder escoger lo harían más cerca de la naturaleza y evitando las aglomeraciones de las grandes metrópolis.

No hay duda de que mudarse a una zona rural tiene beneficios inmediatos en el núcleo económico familiar. Precios más asequibles, menos fomento del consumo y, por ende, menos gasto mensual, o reducción del desembolso de capital en la oferta de entretenimiento urbana (cines, exposiciones, conciertos) a cambio de unas actividades gratuitas al aire libre (paseos, fotografías, bicicleta…).

EL MIEDO INHERENTE A SER OLVIDADO

No obstante, un gran porcentaje de las personas que se plantean este giro de guion acaba por desistir de su sueño rural a causa del miedo que les supone perder las prestaciones de la ciudad. Según diversos estudios sociológicos, la sociedad española está muy arraigada a la cultura urbana, se han desarrollado dos creencias muy firmes que dificultan la deslocalización demográfica. El miedo a perder el contacto social con sus cercanos y el temor a ser despedido al no asistir al ambiente de oficina y no cumplir con la relación emocional para con la empresa. Dos factores que se derivan de años de costumbres urbanas y de toda una generación construida alrededor del imaginario laboral de “la empresa” o “la oficina”.

ÉXODO URBANO, REALIDAD Y SOSTENIBILIDAD

Pero por mucho que los miedos vuelvan una y otra vez, ya son miles los valientes que se atreven a romper con las tradiciones del siglo XXI y a probar un nuevo estilo de vida en las periferias urbanas o en el campo. Además, se trata de un practica sostenible para el planeta, no olvidemos que más del 85 % de los españoles viven en menos del 20 % del territorio de nuestro país. Vivimos en un mundo centralizado y fomentar los movimientos que incentivan la deslocalización ayuda a desarrollar economías menos susceptibles a pandemias, brechas salariales, desigualdades…

Es por eso que hoy en día existen varias organizaciones que facilitan, estimulan y recompensan a las personas para que puedan cumplir su sueño y mudarse a las afueras. Son ejemplos: Éxodo Urbano (lo natural es lo rural) a nivel nacional o la Associación Catalana de Municipios (ACM), Micropobles y el Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible de Catalunya, a nivel autonómico.

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