¿Tecnófobos o tecnófilos? La inclusión de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en la vida cotidiana se ha hecho más que evidente en los últimos años; dependemos de nuestros dispositivos móviles para gran parte de los quehaceres diarios: llamar, consultar noticias, buscar recetas, usar el GPS, chequear las redes sociales, etc. De hecho, la mayoría también trabajamos, por norma general, con aparatos electrónicos (ordenadores, QR, maquinaria, coches…), es más, podría denominarse un rara avis el oficio que hoy en día no necesita de ningún mecanismo electrónico para su desarrollo.

La transformación, sin embargo, se ha dado paulatinamente, casi sin darnos cuenta nos hemos adaptado a una sociedad marcada por las TIC y nos cuesta imaginarnos una realidad fuera de las comodidades que nos ha brindado dicha evolución. Desde hace años y como respuesta a este fenómeno, se han hecho patentes dos posturas muy diferenciadas en relación a esta ola tecnológica que crece exponencialmente: ¿Tecnófobos o tecnófilos?, esa parece ser la cuestión.

TECNÓFOBOS: MIEDO Y RETICENCIA

Para los tecnófobos la llegada de las TIC representa una intrusión en su modo de operar, un robo de las costumbres atávicas y, en definitiva, un cambio molesto que acabará por erradicar el trabajo de las personas y, para más inri, crear seres humanos incapaces de sobrevivir sin la tecnología. Un tecnófobo es alguien que teme adaptarse a las TIC porque le inquietan las consecuencias que puedan acarrear estos cambios.

Estas posturas suelen observarse en los puestos de trabajo en los que coexisten perfiles muy diferenciados en cuanto al trato con la tecnología, por ejemplo, en escuelas o institutos. A los profesores que conviven con jóvenes que crecen al amparo de las TIC, se les suele empujar para que se adapten a la transformación tecnológica: incluir ordenadores en las aulas, corregir telemáticamente, hacer exámenes online…

Como consecuencia, es común observar comportamiento tecnófobos en algunos docentes quienes sienten su trabajo amenazado y cuestionado por una nueva realidad poco fiable. De ahí, actitudes tecnófobas tales como negarse a usar los ordenadores en el aula y educar, contra viento y marea, a “la antigua usanza”.

TECNÓFILOS: UNA PASIÓN SIN LÍMITES

Como contrapartida, aparecen los perfiles tecnófilos. Personas que presentan un entusiasmo exacerbado por la inclusión de la tecnología puntera en su vida diaria, quieren sumergirse de lleno en el sueño androide y no se cuestionan los efectos secundarios de un cambio que se produce a velocidades vertiginosas. En este arquetipo suelen encontrarse ingenieros tecnológicos o empresarios cuyos productos o servicios luchan en una carrera despiadada por ofrecer “lo último en prestaciones X”.

En estos casos, los tecnófilos no logran ver los problemas que se derivan en realidades que no son las propias. Responden a la llegada de las TIC apasionadamente y no alcanzan, dada la ambición, a observar algunas consecuencias pocos sostenibles: explotaciones, incremento del paro, pobreza, falta de planes de adaptación para el cambio tecnológico, etc… Puede que una postura propia del privilegio de haber crecido bajo el refugio de las TIC.

HACIA UN MUNDO TECNOLÓGICO Y SOSTENIBLE

Definitivamente, quizás la solución radique, como en todo, en los puntos intermedios; aceptar la inclusión de las nuevas tecnologías, pero intentar que vayan de la mano con el fomento de una realidad sostenible, ecológica y ecuánime.

Amotinarse frente a las TIC sin ser consciente de lo beneficios que pueden prestarnos parece ingenuo, aunque aceptar cualquier avance tecnológico como válido sin evaluar la realidad ni sus efectos colaterales también lo es. En resumen, no parece rentable radicalizarse en posturas frente a la llegada de la realidad tecnológica. El cambio es real e imparable. Ahora…. ¿Cómo podemos hacerlo lo mejor posible?

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